La convivencia de los habitantes del Catatumbo con el miedo, la angustia y la incertidumbre es permanente, o al menos ha sido así en los últimos 16 meses, luego de la reactivación de los enfrentamientos entre las guerrillas del Eln y las disidencias del frente 33 de las Farc.
Esta prolongada exposición a hechos violentos e intimidaciones constantes por parte de estos grupos, ha degenerado en una seria afectación de la salud mental de las personas, especialmente de quienes viven en las zonas rurales de los municipios de Tibú, Ábrego, Sardinata, Ocaña, El Carmen, Teorama, Convención y Hacarí.
Así lo manifestó Rabia Ben Ali, coordinadora de actividades de Médicos Sin Fronteras en Catatumbo, donde esta organización humanitaria viene haciendo presencia desde febrero de 2025, en respuesta a la agudización del conflicto armado en la región.
“La salud mental es bastante preocupante, justamente en las zonas rurales”, dijo Ali, y señaló que un 60% de los diagnósticos encontrados están relacionados con la violencia de la guerra, afectando casi en igual proporción tanto a niños como adultos.
Entre las manifestaciones más recurrentes están los cuadros de estrés agudo, depresión, ansiedad y mucha sensación de miedo, incluso de hablar con médicos o psicólogos, por temor a represalias.