Cuando el presidente Gustavo Petro llegó a la Casa de Nariño, en agosto de 2022, prometió convertir la relación con Venezuela en uno de los ejes de su política exterior.
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas y consulares, la reapertura de la frontera, la recuperación del comercio binacional, una mayor cooperación en materia de seguridad y una atención más efectiva a la diáspora venezolana fueron los pilares que él expuso para reconstruir el vínculo entre Bogotá y Caracas, tras la ruptura institucional.
Han pasado cuatro años, y el balance sobre el cumplimiento de esos compromisos muestra avances, especialmente en la apertura fronteriza, pero también deja muchas tareas pendientes y cuestionamientos sobre el alcance real de la normalización de la relación entre ambos países.
Cuando los resultados en comercio binacional, migración, seguridad y diplomacia siguen dejando más interrogantes que aciertos, el vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, Ronal Rodríguez, define esta situación como “un balance agridulce”.