Si sobre una balanza se colocaran de un lado las toneladas de ayuda humanitaria que desde diferentes puntos de acopio del Táchira hasta este fin de semana se ha podido recoger, y el corazón de aquellos quienes en calidad de voluntarios, donantes o comunicadores llevan prendido en su pecho el dolor de los venezolanos víctimas del desastre natural, la aguja marcaría el perfecto equilibrio.
De todos los esfuerzos implicados en la recepción y clasificación de la ingente cantidad de auxilio, arribada a los centros de acopio, los voluntarios apenas alcanzaron a recuperarse para emprender una labor igual de importante: Llenar los camiones con rumbo a Caracas, donde se espera los receptores entreguen el justo y directo aporte a quienes claman por alimentación, tratamiento médico, herramientas para acciones de rescate e incluso una carpa y abrigo para quienes perdieron sus viviendas.
En redes sociales quedó en evidencia la generosidad de los tachirenses, especialmente los jóvenes en las universidades que acudieron espontáneamente sin esperar mandos superiores, y se mostró el desarrollo de las actividades de embalaje.
Pero no solo desde las universidades y otros centros de acopio se transmitieron imágenes inspiradoras, también se ha dado cuenta de características y cantidades de los donativos, así como responsablemente de su destino.
Con igual entrega y entusiasmo que en la Universidad de Los Andes Táchira y la Universidad del Táchira, en la Universidad Católica del Táchira, el fin de semana la iniciativa estudiantil se abocó a meter los auxilios en cajas, debidamente precintada para que aguante el viaje de horas.
Sin embargo, apenas el trabajo comienza en los centros de acopio y se requiere para el mismo la contribución de camiones y gandolas, cuya movilización depende de un óptimo abastecimiento de combustible, factor en el cual la comunidad tachirense puede colaborar.