Norte de Santander fue el epicentro de la segunda masacre del 2025, donde papá, mamá y un bebé de nueve meses de nacido, fueron baleados sobre la vía Cúcuta – Tibú, y sin saberlo, este fue el detonante de un conflicto entre las disidencias de las FARC y el ELN en el Catatumbo, que se convertiría en una de las peores crisis en toda la historia de esta región.
El 16 de enero de 2025, el país despertó con nuevas masacres. Inicialmente fueron cuatro hombres asesinados a bala, pero siguieron incursiones armadas a veredas y corregimientos. Hombres armados ingresando a las viviendas para sacar a sus víctimas y asesinarlas bajo la mirada de sus familiares y conocidos, o llevándoselas con rumbo desconocido.
Una crisis que se venía alertando seis meses atrás, pero que, según lo confirmó Luis Fernando Niño, consejero de paz del departamento, nadie escuchó.
Dos días después, el 18 de enero, comenzaron a llegar las primeras familias desplazadas a Cúcuta, en volquetas, camiones y buses. Las caravanas de víctimas, con banderas blancas como símbolo de paz, salían de sus tierras huyendo de las balas.
El confinamiento, por muchos meses, fue una de las mayores preocupaciones de las organizaciones sociales.
Este año de conflicto, según datos entregados por el PMU Catatumbo, ha dejado 91.726 personas desplazadas, 166 civiles y 19 integrantes de la fuerza pública asesinados.
La crisis no termina, la sangre de los catatumberos sigue derramándose en sus propias tierras. Un año después, el conflicto sigue tan vigente como el primer día.