El movimiento migratorio en sentido contrario al que dominó la región durante los últimos años continúa creciendo en Panamá. Hasta el 17 de mayo de 2026, las autoridades panameñas habían contabilizado 4,324 migrantes dentro del denominado flujo norte-sur, es decir, personas que regresan desde Norteamérica hacia Suramérica luego de desistir de su intento de establecerse en Estados Unidos o ante el endurecimiento de las políticas migratorias en la región.
Las cifras divulgadas por la Dirección de Operaciones y Control Migratorio muestran que la gran mayoría de estos migrantes son ciudadanos venezolanos.
Del total registrado hasta mediados de mayo, 3,991 corresponden a venezolanos, seguidos por colombianos (149), ecuatorianos (39) y personas nacidas en Estados Unidos, principalmente hijos de migrantes (40).
También se contabilizan 105 personas de otras nacionalidades. Al 17 de mayo permanecían 108 migrantes del flujo inverso en la Estación Temporal de Recepción Migratoria (ETRM) de Darién y otros 34 en Puerto Obaldía, en la comarca Guna Yala, punto clave para continuar el retorno hacia Colombia por vía marítima.
El fenómeno representa un cambio radical respecto a la dinámica observada entre 2022 y 2024, cuando Panamá se convirtió en el principal corredor migratorio irregular del continente.