Según el testimonio de una joven, una mujer llamada Desiada Tapia Figuera la trasladó junto a otro grupo de venezolanas y colombianas hacia el terminal terrestre de Plaza Norte, donde las esperaban Keyli y Manolo, en adelante sus ‘jefes’.
Luego de quitarles sus documentos, les tomaron fotos para subirlas a la aplicación Photokine y ofrecer sus servicios sexuales en una agencia llamada Play Boy Club. La primera semana permanecieron encerradas en un cuarto, donde dormían en colchones viejos tirados en el suelo. “Eran entregadas por delivery en los hostales de esa zona. Ellos hacían todo el contacto con los clientes y solo les daban el número de habitación al que tenían que ir”, cuenta Miluska Romero, fiscal especializada de trata de personas de Lima.